Para unos vivir es pisar cristales con los pies desnudos; para otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere.
Una flor se abre, una torre se hunde.
Todo es igual.
Todo es igual.
Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no había sol.
Miré la luna; no había playa.
Qué más da.
Qué más da.
Tu destino es mirar las torres que levantan, las flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe cuya baraja se ha perdido.